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Imagen: An Pistelli

Publicaciones

"una pantera un pelicano un pez"

Poesía. 2017 Ediciones El Dock

Estrellas

El farol enciende el fondo del mar e ilumina

metro y medio de cardumen deslumbrado.

Remolino de cintas plateadas en el balde.

Comemos pescado frito con las manos

en la arena oscura y fresca

y eso,

cruel, fatal

es tan alegre como comer estrellas.

 

Dice Diana Bellessi:

Este pequeño poema perfecto nos dice de los versos de Fernández Budelli más que las líneas de una contratapa o de un prólogo entero. La poesía habla por sí misma y no necesita de nada más. Cuando la autora mira el mundo y se mira moverse en él, cuando observa sus actos, ve lo banal y  precioso, y eso me hace bendecirla, bendecir sus gestos nunca grandilocuentes como un “atareo de hormiga, de abeja en el panal”. La estructura completa del poema  , por ejemplo, que tarda, porque hay “una física atada al tiempo/ y lazos que desafían y vencen (…) toda mi urgencia de té”, es una estructura limpia como una daga que se saca del cuerpo del mundo. Y qué decir de Huesos, donde todos los elementos son tan realistas que, yo no sé, para hacer el menos realista de los poemas. Saludo a esta poeta extraña como a un diamante que me ha llegado al final de la vida. ¡Salud!

 

                                                                                                     Diana Bellessi           

 

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La fiesta en el puño

La fiesta en el puño

Sonata a dos instrumentos. 2016. Ed Zoe

Estos versos van en busca de la música y el júbilo del amor, aunque duelen más allá de él, adheridos a la piel de un tiempo acechado. Quizá por eso tardaron tanto en llegar aquí.
Fueron compuestos por dos entes: una que creo haber sido yo y la sombra de un hombre que durante muchas jornadas anduvo junto a la mía.
No puedo descartar la posibilidad de que lo musiqueado por mí, sea producto de alguien que cree haber sido él, o de mi sombra, tan incierta como la suya.
Sin embargo, me consta haber amado, esperado, escrito, olvidado, y hoy puedo producir este libro, evidencia de alguna materialidad.
Que sea entonces tan real y tan equivoco como su origen.
Lidia Fernández

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Río de Lelas

Río de Lelas

Novela. 2009. Ed. Zoe

Este texto es un conjunto de fragmentos de memorias a las que he intentado ser fiel. Unirlas en un mismo y limitado espacio me ha exigido hacer uso de la ficción. Sus personajes principales, Anabé y Olivia, hacen equilibrio entre un pasado tan real y tan equívoco como puede ser el de la memoria, y un presente inventado que aun así tiene mucho de verdad.

Hay segmentos obtenidos de personas que ya no están y otros de quienes siguen aquí. El mérito de las historias es de ellos, el error o incapacidad de un mejor entrelazamiento se debe atribuir a mis limitaciones. Quizá el resultado final, a pesar de los contrastes y los huecos, sea una manta, un tapiz, un todo poroso que abrigue la posibilidad de insertar futuras memorias.

La imagen de la costura que aparece en varias ocasiones no debe verse como un recurso literario. Es un tributo a esas cinco mujeres que transitaron su tiempo entre agujas, telas, máquinas de coser y tijeras, como tantas otras de su época.

Hasta aquí he llegado,  era imperioso que este trabajo se acabara y concretara. Si puede leerse como se leería una novela, mejor para el entretenimiento de quienes lo hagan. Si no resulta posible, quede entonces como una irregular pintura, un recorte de la vida de algunos habitantes del Río de la Plata en los siglos XIX y XX.

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Verde Rwanda Roja Herida

Verde Rwanda Roja Herida

Relatos. 2004. Ed. Zoe

"...Hegel escribe que la poesía enseñorea todas las demás artes. Lidia Fernández cumple aquí el pensamiento hegeliano. Con fino estilo, con formas cuidadas nos acerca este "Verde Rwanda-Roja Herida". 
Publicó con anterioridad dos exquisitos libros de poemas: "Crepitaciones" (Ed.Vicinguerra) y "Abasto Blues" (Ed. Zoe). En esta incursión en la prosa, nos atrapa desde las primeras páginas, nos lleva de la mano a través delmisterio de Afirca, nos emocionay nos obliga a meditar sobre los sufrimientos de un pueblo que se
 ha cerrado para el "musungu", blanco vagabundo, pero que abre su corazón a quien considera un igual. Lidia Uwaytu, nombre clánico adquirido con orgullo, o Lidia Umuchiachuru, apelativo portado con satisfacción, nos brinda un libro imperdible, una aventurea humana que, cumpliendo con lo que debería ser cada texto, nos devuelve al mundo cotidiano, mejores"

J. D. Míguez

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Abasto Blues

Abasto Blues

Poesía. Año 1997. Ed Zoe

Lidia Fernández nació en Buenos Aires un 24 de diciembre y vive actualmente en el Abasto, lugar indispensable para quien desea agitar los fantasmas precisos de la palabra. Si la poesía es el modo más antiguo de la memoria, también es el mas tiránico. Pretende manifestarse sólo cuando es la única manera posible de decir algo. La poesía de Lidia cumple con generosidad esta exigencia.
Entre "Crepitaciones" (Ed.Vinciguerra, 1991) y este "Abasto Blues", han transcurrido seis años.

La espera no ha sido en vano. En su palabra hecha de murmullos, de voces quedas, habitan los seres solitarios, los ritos de tristeza y una sombra aliviadora que esparce ramalazos de ternura y obliga al lector a la emocionada reflexión.

"En esta ciudad algunos seres solitarios sueñan ser amados..."
Tal vez, su poesía sea la recompensa esperada para la ardua tarea de la realidad"

Comentario: D.J.Miguez

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Crepitaciones

Crepitaciones

Poesía. Año 1991, Ed. Vinciguerra

Lidia Fernández intenta un calar profundo de piel a sangre, como si la contradicción fuera la fuerza de su misma identidad, de su máscara más querida, pero cortada abruptamente como un perfil de llanto, como los golpes del Cholo Vallejo (no en vano el título de este libro es Crepitaciones). 

Ella enumera y viaja por un desfiladero que se estrecha en una sola palabra: "Inventar la lágrima no el dolor" y más aún cuando repite "Que es abstracta como una ecuación". Este temperamento, que reitera la cita liminar, es su temperatura que la signa en la mayor parte del libro, aunque el relato a veces se alargue en confidencias, en la autenticidad de lo personal, en diálogo de ella con el lenguaje, ese mural que nos mira de frente, y de lo más escondido del poema (alguien dijo que el poema
se hace con palabras ¡y que palabras! ) pero siempre escrutando el infinito.

La autora así recupera los objetos más íntimos, más cotidianos, más remotamente simples, situados más allá de los usos y las costumbres, relacionándolos a la vez con esos usos y costumbres. Es decir le da lo mítico de lo sencillo pero avanzando hacia la profundidad de un nuevo delirio. Posee un orden caótico en su decir: "Por racionales esqueletos de palabras" pero un orden caótico-creativo, que tiene su razón de ser: "tal vez la ceguera me eligió de testigo", para mas allá, razonar poéticamente: "El pan de los hornos me daré de comer en la boca".

A veces empuña el poema como un arma sagrada, desnudando su tiempo, que es el tiempo de su libro, con reiteraciones y sintaxis que vuelven para atrás y remarcan sus propias "Crepitaciones". Así acota en forma definitiva algo que suena a metáfora, porque todos llegamos a un final: "Es al amanecer la hora de las ejecuciones".

 Atilio Catelpoggi

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